...la imaginación humana se deja imponer por las perspectivas aparatosas, por las voces campanudas y por las mises en scène esplendorosas. Basta que un personaje se exhiba cubierto de relumbronas, grande, enfático, imperoso, viendo a la humanidad de alto a bajo, como proclamando que vale mucho, y que no hay quién le llegue al calcañar, para que la mayoría de las gentes caiga de rodillas llena de admiración y de reverencia. ¡No depende de otra cosa la aureola triunfal que rodea muchas frentes soberbias!...

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